Nuestras células son COMO PECES cautivos encerrados en una PECERA.

La CÉLULA es un ANIMAL ACUÁTICO. Se formó en el AGUA (no la incolora, inodora e insípida, que de ella no puede formarse la vida, y solo se la llama agua por analogía con el AGUA COMPLETA, la DEL MAR).

Cuando las CÉLULAS decidieron agruparse en grandes colonias para formar modelos de vida más complejos, se vieron obligadas a LLEVARSE CONSIGO UNA PORCIÓN DE MAR, una fracción de su hábitat, igual que lleva el caracol su casa a cuestas. Es que la célula solo poede vivir RODEADA y EMBEBIDA DE MAR.

Es así como tenemos a todas y cada una de LAS CÉÑUÑAS CON SU MAR A CUESTAS, de manera que la mayor parte del peso y el volumen de cualquier viviente lo constituye EL MAR que lleva consigo: siempre más del 70% de su peso y su volumen.

Y del mismo modo que cuando miramos por nuestra salud, a lo primero que atendemos es a que EL MEDIO en que vivimos no esté ALTERADO, DEPAUPERADO, o peor aún ENVENENADO, porque en tal caso sería inútil cualquier otro empeño por nuestra salud,

así también hemos de tomar conciencia de que aunque nosotros no, NUESTRAS CÉLULAS SÍ, viven en un MEDIO ACUÁTICO. Y a la hora de mirar por su SALUD, lo primero que hemos de cuidar (zerapéuein) es el MEDIO, el AGUA en que viven inmersas y embebidas: que no esté alterada, depauperada, y sobre todo que no esté envenenada; de lo contrario de nada servirían nuestros empeños por la salud de los desgraciados pececitos que viven en ella.

Sobre todo,

que no haya sido alterada y degradada por tantos productos químicos (= No biodosponibles, peso muerto por tanto) que forman parte de nuestra alimentación.

 

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