EL AGUA ES EL DISCO VIVO EN QUE SE ALMACENA
TODA LA SABIDURÍA DE LA TIERRA
El H2O, el AGUA a palo seco es el soporte más sólido y a la vez elásticoy transitable de cualquier SABOR y por tanto de cualquier SABER; y por ende de cualquier SER. Por eso el planeta Tierra ha confiado al AGUA todo su SER y todo su SABER… y su SABOR. Las esencias de la TIERRA están todas en el MAR. Si se destruyese toda la vida e incluso toda la costra seca de la TIERRA, el mar las reconstruiría; porque materiales y memoria más que suficientes tiene para ello.
¿Y cómo sabemos que el MAR sabría reconstruir los continentes y la vida? POR SU SABOR.

Y por tanto SE SABE todos los elementos de que está hecha la tierra y SE SABE todos los materiales y todas las secuencias de la vida.
Al NO ser el MAR nuestro MEDIO EXTERNO, no tenemos preparadas nuestras papilas gustativas para distinguir en él la maravillosa sinfonía de sabores que nos ofrecen sus aguas. Sólo apreciamos una fuerte salobridad: del mismo modo que quien no tiene el oído y el cerebro adaptado para distinguir cada uno de los instrumentos que producen una sinfonía, sólo consigue apreciar el ruido resultante de una mezcla de instrumentos y sonidos en los que no es capaz de percibir ni orden ni concierto.

Pero nos conviene recordar que EL MAR SIGUE SIENDO NUESTRO MEDIO INTERNO, el medio en que nadan nuestras células como pez en el agua con su corte de diminutos comensales; el medio de que se nutren la célula y sus invitados (“parásitos” llamaban los griegos a los invitados). Todo lo que vive dentro de nosotros sí que SABE DISTINGUIR Y APRECIAR LOS SABORES DEL AGUA DEL MAR. Como que en ella y de ella viven; como que cada uno absorbe de ella justo lo que necesita y en la medida en que lo necesita, y desecha el resto. Y es por el SABOR como se orientan, que es tanto como decir por el SABER. Cada elemento LES SABE a lo que es y por eso lo distinguen de los demás; y lo absorben a través de su membrana hasta que se sacian de ese elemento, es decir hasta que se saturan de él. Sin distinguir los SABORES sería imposible este intercambio tan armonioso como la sinfonía más sublime.
Aunque nosotros, animales terrestres y aéreos, NO SABEMOS SABOREAR la extraordinaria variedad de SABORES armoniosamente combinados en el AGUA DEL MAR, somos al menos capaces de deducir de su FUERTE SABOR que en ella hay FUERZA. Tan intensa como lo es el SABOR.