La industria artesanal maneja más de 100 sales (se puede ver el listado en la Espasa); pero la industria química es capaz de multiplicarlas hasta el infinito. Basta fijarse en la definición de SAL para comprenderlo:

Siendo tan elevado el número de ácidos y de bases tanto orgánicos como inorgánicos, y siendo tan variables sus combinaciones (neutras, ácidas y sobreácidas, monobásicas, bibásicas, tribásicas…) se entiende que el número de sales posibles es ilimitado.

El guardián que facilita o impide la entrada a estas sustancias es el paladar, el órgano del SABOR, auxiliado por el OLFATO. Se trata de una función vital, por cuanto el proveimiento de nutrientes a las células y de repuestos funcionales (entre ellos las SALES) es el que garantiza la salud y el buen funcionamiento de nuestro organismo: atiende al capítulo de mantenimiento. Los nutrientes-combustible aportan la energía de trabajo.

Comparado con nuestro sistema metabólico, nervioso y cerebral, el ordenador más sofisticado es pura chatarra, y bastísimos los materiales en que están construidos sus chips. Y esa maravilla de funcionamiento es posible gracias a que la base contenedora de los datos no es un disco duro, sino un disco fluido (el H2O); y a que los conductores de los impulsos eléctricos son esa enorme variedad de sales que circulan por nuestro organismo, cuyas formas básicas le provee el AGUA DE MAR en las justas proporciones.

¿Qué sería de nuestro cerebro sin el CATÁLOGO COMPLETO DE SALES que modulan y transmiten las ondas electromagnéticas cada una de forma distinta para conseguir un funcionamiento impecable de nuestra supercomputadora? ¿Cómo podrían funcionar la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto, el sexo y todas las funciones metabólicas, los sentimientos y la inteligencia si fallase alguna de las sales?

Sabemos distinguir los ingredientes de una comida aunque estén mezclados, porque los conocemos cada uno por separado; pero no conocemos el sabor de cada una de las sales presentes en un sorbo de agua de mar. Sólo por eso no somos capaces de distinguir la riquísima mezcla de sabores que hay en ella y que con toda seguridad hacen las delicias de los peces.

Y sin embargo, esa suma tan explosiva de SABORES es la que garantiza nuestros SABERES.

El déficit de tan sólo algunas de esas sales arruinaría nuestra inteligencia, nuestro metabolismo, nuestra vida. Por eso, cuando se detectan esos déficits, se recurre a los oligoelementos: se trata de cantidades ínfimas pero indispensables.

Por fortuna el AGUA DE MAR nos ofrece todas las sales y todos los oligoelementos en la proporción perfecta. ¡Increíble!

 

 

 

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