Se nos han quedado en la retina dos imágenes contrapuestas: por una parte las terribles epidemias de peste de la edad media que se llevaban por delante una parte muy considerable de la población; y por otra los baños romanos y árabes. Parece evidente que fue mucho menor la incidencia de la peste en las culturas en que los baños eran una especie de servicio público y por tanto gozaba de ellos toda la población, que aquellas otras en que tan escaso era el uso del agua, que incluso se consideraban pecaminosos los baños.
Hasta el siglo XIX el agua corriente en las casas fue privilegio de muy pocos, y mayor privilegio todavía el baño privado. Fue bien entrado el siglo XX cuando se empezó a generalizar la instalación de duchas y bañeras con agua caliente en las casas.
La suma facilidad que hubo a partir de entonces para lavarse a menudo y para bañarse, fue determinante para aumentar de manera espectacular el índice de salud de la población. Desde que se implantaron estas saludables (higiénicas) costumbres, descendieron en picado la morbilidad y la mortalidad.
He ahí cómo se llegó “a la salud por el agua”, cuyo acróstico es SPA, algo tan de moda hoy. Es que al agua le hemos encontrado un potencial de salud que va mucho más allá de lo que entendemos por higiene.
La BALNEOTERAPIA (la conquista de la salud mediante el baño), que había sido un privilegio de ricos y sólo podía practicarse en establecimientos ad hoc, balnearios para éstos, y baños públicos (duchas y bañeras) para los pobres, se convirtió poco a poco en un recurso al alcance de todas las economías.
Tan importante fue para la SALUD la incidencia del lavado frecuente de las manos y los BAÑOS asiduos, que a estas actividades se las llamó HIGIENE, que no es otra cosa que el nombre griego de SALUD.
“Las aguas” estaban catalogadas en razón de su capacidad de generar salud. Hasta que por fin llegó “el agua” a las casas y su uso se consideró “higiénico”, es decir aportador de salud.
Pero había de llegar la reina de todas las aguas, la del mar, para que diese un vuelco la idea de relación de la salud con el agua. Ahí fue donde se fraguó el concepto de TALASOTERAPIA: