No en vano trae el nombre del mítico Atlante condenado al ingente esfuerzo de sostener sobre sus hombros la bóveda del cielo. Fue el monte Atlas, clavado en el cielo, el inspirador de este mito.
Por eso siente uno que las rocas, las montañas que se precipitan en el mar y la frecuente conmoción de sus aguas se avienen con su mítico nombre.