Cuando hablamos de “aguas mineromedicinales” hacemos referencia a los efectos terapéuticos de los minerales que éstas contienen. Son en efecto los minerales los que determinan las “virtudes” de las distintas aguas. Las aguas de “baja mineralización”, por su propio nombre indican que su valor consiste precisamente en su “pureza”, es decir en la ausencia de sustancias que no sean estrictamente agua (H2O).
Pero no es eso lo que se busca en las aguas balnearias, sino por el contrario una riqueza de minerales para aportar a nuestro organismo.
Porque, he ahí la clave, incluso la protomedicina de los brujos y magos de la tribu y muchos de los mitos creacionistas tenían asumido que el cuerpo humano está formado por minerales (recordemos la modelación del hombre con barro), y que su falta lleva a la enfermedad. Esta creencia se ha mantenido firme hasta que la ciencia moderna, con su sofisticada tecnología, nos ha permitido tener la certeza absoluta de que los minerales son vitales para el equilibrio y la salud de nuestro organismo.


Y por eso la larga y extensa tradición balnearia de la humanidad alcanza su culminación en los BALNEARIOS MARINOS, llamados modernamente Centros de TALASOTERAPIA.
Al contrario de lo que ocurre en cualquier manantial de agua mineromedicinal, que está en régimen de propiedad privada para el disfrute de los afortunados que puedan pagarlo, el mar, que ofrece las mejores aguas mineromedicinales,está a disposición de todos. Y son muchos centenares de millones los que todos los veranos convierten las playas del mundo en un inmenso balneario gratuito.
Pero no son sólo las masas las que han descubierto las virtudes del agua de mar, muy superiores a las de cualquier balneario. También los empresarios creadores y gestores de estos establecimientos son conscientes de la

Por eso, en los últimos cuarenta años, por cada balneario convencional que se ha abierto, se han creado 15 balnearios marinos, que tienen la ventaja de ofrecer