Fueron los gimnasios los descubridores de las virtudes físicas del agua. Esa es en fin de cuentas su especialidad: la consecución o el mantenimiento de una “forma física” mediante una acción física.
Por fortuna, desde la escuela primaria se imparte una disciplina denominada antaño “gimnasia”, y hoy “educación física”. Se llama así porque su objetivo es controlar nuestro desarrollo físico (o el desarrollo de nuestro físico) mediante ejercicios físicos.
Pero he aquí que los modernos centros de modelación del físico (que en eso se han convertido los gimnasios), descubrieron algo tan eficaz y espectacular como la GIMNASIA PASIVA, con la que se hacen toda una serie de ejercicios musculares de gran importancia para el mantenimiento o la corrección de la forma física (que muy a menudo tiene bastante que ver con la salud) sin exigir del gimnasta el menor esfuerzo de voluntad; vamos, “sin mover un músculo” él por sí mismo.
Y fue precisamente en el desarrollo de este concepto de GIMNASIA PASIVA, como pensaron en incorporar a los gimnasios toda una serie de recursos del agua en movimiento desarrollados por la BALNEOTERAPIA, desde el jacuziy la sauna hasta las columnas de hidromasaje, pasando por toda una serie de sistemas de proyección del agua contra el cuerpo.
Los gimnasios, urbanos en la mayoría de los casos, no disponen de otra agua que la suministrada por la red general, altamente clorada. Por eso tuvieron que renunciar a los beneficios químicos o mineralógicos del agua. Pero no siendo ese su objetivo, sino únicamente la acción física (movimiento y calor), optaron por añadir a sus sofisticados recursos mecánicos, el del agua. Pero no como un elemento más, sino como la más nueva tecnología que le añadía un alto valor al gimnasio.
Por eso todos los que han incorporado la potente mecánica del agua dejaron de llamarse gimnasios para pasar a denominarse por aquello que mayor valor les daba: EL AGUA. Y así su nuevo nombre es SPA, acrónimo de la expresión latina