Era preciso expresar en una sola palabra la convicción de que EL AGUA DE MAR TIENE UN GRAN POTENCIAL TERAPÉUTICO, es decir que constituye un REMEDIO NATURAL extraordinario; que es, sin ningún género de dudas, el más potente y polivalente de los remedios naturales.

Y esa palabra fue

En ella se unen EL MAR (QALASSA (ZALASSA) en griego) y TERAPIA (del griego QERAPEUW (zerapeuo), que significa CUIDAR, y por elevación, CURAR. La TALASOTERAPIA es por tanto el recurso al AGUA DE MAR para curar.

Es uno de los grandes regalos que nos trajo el Siglo de las Luces: la revolución de la salud siguiendo a la revolución política. Fue el siglo de los exploradores, que descubrieron otros modelos de humanidad aún intactos, con costumbres diametralmente opuestas a las “civilizadas”, entre ellas la familiaridad con el sol y el agua. Y como confiar el cuerpo al sol y al agua requería aligerarlo de ropa, dieron en llamarlos salvajes. Hasta que entendieron y copiaron su filosofía de la salud y de la vida; pasando a llamarse desde entonces “pueblos naturales”.

En el civilizadísimo occidente se consideraban tan desaconsejables los baños, que se resumió la doctrina sobre ellos en el sentencioso “De los cuarenta para arriba, no te mojes la barriga”. Y mucho menos con la peligrosísima agua del mar.

Pero los exploradores ingleses vieron estupefactos cómo los indonesios y otros salvajes vivían en el mar, y para arrancarle sus tesoros se sumergían en él con tanta naturalidad, que parecían anfibios. Y no estaban ni enfermos ni enfermizos, antes al contrario, ¡¡resplandecían de vigor y salud!!

En 1820 la duquesa de Berry, en Normandía, fue la abanderada de los BAÑOS DE MAR en Europa. La aristocracia se apuntó con entusiasmo. Los balnearios marinos y el entorno urbano que generaron a su alrededor, se convirtieron en grandes complejos de recreo. Algunas de las ruletas más célebres de Europa crecieron a la sombra de estos aristocráticos balnearios marinos.

En 1865 el Dr. De La Bonnardière d’Arcachon creó para ellos el término Talasoterapia; una palabra tan acertada que hizo fortuna. Por eso se mantiene después de siglo y medio de uso sin haber perdido ni torcido un ápice de su significado.

 

 

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