El agua de mar es el plasma de la vida. Eso es lo más grande que se puede decir de un agua tan desconocida y tan absurdamente temida.

Plasma viene del griego plazw (plátzo), que significa “moldear” (plástico es lo que se deja moldear). Por eso, cuando decimos que el agua de mar es el plasma de la vida, afirmamos que LA MATERIA PRIMA que moldeada de múltiples formas ha dado lugar a la MATERIA VIVA, no es otra que el AGUA DE MAR.

Es esto tan cierto como que no se encuentra en la materia viva ni un solo elemento que no exista en el agua de mar, ni le falta al agua de mar ni uno solo de los elementos de que está construido un ser vivo.

Las aplicaciones prácticas que se desprenden de este principio parecen de cuento de hadas. Porque resulta que

  1. Si nos sumergimos en el plasma de que se alimentan nuestras células, es evidente que se beneficiarán extraordinariamente todas las células de nuestro cuerpo que de una u otra forma lleguen a ponerse en contacto con este plasma maravilloso.
  2. Si respiramos las gotas microscópicas de agua de mar que impregnan la atmósfera próxima a ésta, nuestras vías respiratorias gozarán también de este contacto benéfico, y el efecto se trasladará al resto del cuerpo a través de la absorción de las capilares de nuestros pulmones.
  3. Y si por accidente o voluntariamente ingerimos agua de mar (cocinar con ella es uno de los secretos de los grandes gourmets), extendemos los beneficios a través del sistema digestivo.

 

Anterior

Siguiente

Inicio | Índice de reportajes | Mapa del reportaje | Mapa de la sección