Ciertamente la salud nos vino por el agua. La humanidad pagó una y otra vez precios altísimos para aprender que de ella procede la primera y máxima garantía de salud.
Tan cierto es, que al lavarse se le llamó higiene, palabra griega que significa SALUD: ni más ni menos.
Y se descubrieron los grandes poderes curativos del agua, y se construyeron balnearios sobre los manantiales de aguas dotadas de mayor poder.
Hasta que René Quintón descubrió las increíbles virtudes biológicas y terapéuticas del agua de mar.
Resultado de ello fue la incorporación del AGUA DE MAR como PLASMA DE QUINTÓN en la medicina francesa durante más de 50 años (ver DICCIONARIO VIDAL) hasta que la obsesión esterilizadora de las autoridades sanitarias de la Unión Europea la sacó de la circulación.