La LEY DE LA CONSTANCIA TÉRMICA de Quintón nos da la clave científica de la fiebre, de las termas, de los “paños calientes”, de las bolsas de agua caliente, de la moderna hipertermia, de la más moderna medicina quántica y demás recursos al CALOR para recuperar la salud y aliviar el dolor.
Partimos de esa base fisiológica, cultural y tecnológica incontestable que nos presenta EL CALOR COMO DECISIVO FACTOR DE CURACIÓN. Está claro que no importa cuál sea su fuente de producción,

¿Pero cuánto calor?
René Quintón dedicó 20 años de su vida a la investigación del calor animal, clasificando la antigüedad de las especies por su temperatura, y llegó a esta conclusión:

Cuanto más bajan de esta temperatura nuestras células, más se ralentizan las funciones vitales; y cuanto mayor es el esfuerzo vital que han de hacer, tanto más se acercan a esta temperatura que les permite un rendimiento del 100%.
Ahora bien, nuestras células pueden elevar su temperatura internamente (eso ocurre en determinadas funciones digestivas y curativas) o pueden hacerlo por inducción externa. Es ahí donde entran en juego los distintos métodos de alivio del dolor, de curación, de prevención o simplemente de darle buena vida al cuerpo MEDIANTE EL CALOR.
Y es ahí donde asienta su razón de ser el

la única forma viable de la

cuya especialidad más próspera es la

Los romanos, a cuyos famosos baños urbanos preferimos llamar TERMAS, se las industriaron para calentar el agua de estos baños públicos, que raramente estaban construidos sobre fuentes de aguas termales. Sabían ya del valor de los cambios de temperatura para activar las células de la piel y sus terminales nerviosas. El caldarium era la piscina de agua caliente; el tepidarium, la de agua templada; y el frigidarium, la de agua fría.