Nuestro organismo, junto a las tareas ordinarias para las cuales le bastan la energía y los recursos ordinarios, tiene a su cargo tareas extraordinarias para las que necesita un plus de energía, que le podemos aportar de una manera tan sencilla y placentera como regalándonos con unas horas de Termalismo.
La energía, lo sabemos por la que generamos artificialmente, cursa siempre con calor. Eso significa que cuando éste falta, “se enfría” la actividad celular y las células relegan para mejor momento sus funciones de desintoxicación, de defensa, de regeneración; funciones que si se atrasan mucho pueden poner en peligro el tono vital. Los primeros síntomas de este decaimiento son la apatía y el cansancio generalizado. Si esas tareas de las células se atrasan en exceso, aparecen las patologías que esperaban agazapadas el largo enfriamiento para invadir nuestro organismo.
Si les ofrecemos por tanto a nuestras células ese PLUS DE CALOR, lo aprovecharán encantadas para hacer los deberes pendientes, para ponerse al día en las funciones indispensables que han dejado atrasadas por no disponer de la suficiente vitalidad para ello. Si además del calor les aportamos otros recursos, miel sobre hojuelas.
He ahí una aplicación práctica de la ley de la Constancia Térmica de Quintón. Dándoles a nuestras células con una razonable asiduidad el calor extra que necesitan, hacemos por nuestra salud algo que está mucho más acá de la medicina, incluida la preventiva. Hacemos por nuestra buena vida, que hoy se prefiere llamar
Esa es ciertamente la mejor manera de ofrecerles a nuestras células la oportunidad de hacer los deberes que han ido dejando atrasados por falta de ese plus de calor que no pudimos darles en medio del ajetreo diario.
Por eso es tan saludable incluir entre los regalos habituales para la salud de nuestro cuerpo (¡y también de nuestro espíritu!, que la mens sana se desarrolla sólo in córpore sano) un TRATAMIENTO TERMAL con tanta frecuencia como nos sea posible. Recordemos que el alto nivel de salud de los japoneses se debe a su afición al termalismo.
Recordemos que la máxima virtud de un CENTRO TERMAL es que ha sido diseñado para que