Las sustancias tóxicas que genera nuestra vida superindustrializada las absorbemos a través de la piel, de la vía digestiva y de la vía respiratoria, siendo el resultado final de todo ello la intoxicación de nuestras células, tanto mayor cuanto más insolubles son esas sustancias y cuanto menor es la capacidad de evacuación de los sedimentos que éstas producen.
En la medicina arcaica a lo que hoy llamamos desintoxicación, se le llamaba purificación y depuración. Para ese fin se consideró siempre la sal como el más potente depurador. Por eso el agua de mar goza de enorme prestigio como depuradora desde la más remota antigüedad.
Una depuración intestinal extraordinaria se consigue bebiéndola (no de la piscina, sino embotellada por acreditadísimas marcas de productos terapéuticos naturales).
La depuración de los bronquios se activa mediante la respiración de agua de mar, y se intensifica alternando las saunas seca y húmeda. Y la depuración bien profunda de la piel se obtiene estando a remojo en agua de mar bien caliente y con un suave masaje que abre los poros al máximo, dejando así abierta la entrada a las sales.
Para reforzar el efecto es ideal pasarse al agua fría que cierra los poros con las sales dentro, perfeccionándose así la acción de las mismas en las capas más profundas de la piel.
Es imprescindible completar el proceso de desintoxicación cutánea sometiéndose a una fuerte sudoración en la sauna.
Repitiendo el proceso varias veces, se queda uno como nuevo.
Y nada de pasar por agua dulce,
y menos,clorada.