Todo el que tiene que ver y todo lo que tiene que ver con el agua de mar

VETERINARIA 

Las experiencias más audaces con AGUA DE MAR se han hecho en el campo de la VETERINARIA. Lamentablemente son numerosos los dueños de perros que han de acudir al veterinario con su animal gravemente enfermo, en fase terminal, a que le practique la eutanasia.  

Por fortuna se conoce ya desde hace siglo y medio, y precisamente por haberlo experimentado en los perros (y luego en otros animales) la eficacia del AGUA DE MAR como PLASMA SANGUÍNEO. 

Una de las largas tradiciones médicas aplicadas tanto en humanos como en otros animales, ha sido la sangría mediante incisiones o mediante sanguijuelas. Esta cura se basaba en el principio de que un buen remedio contra cualquier enfermedad era eliminar el máximo de sangre infectada para que el organismo  la fuese renovando mediante la producción de sangre nueva no contaminada. 

Tan pronto como se recurrió a las transfusiones, ya sea de sangre entera, ya de plasma, la sangría tuvo otro sentido: ya no era necesario perder totalmente la sangre extraída, sino que se sustituía por sangre o por plasma. Desde que fue posible sustituir una sangre por otra, o por plasma, éste fue uno de los recursos para combatir las infecciones generalizadas.  

Pues bien, en algunas decenas de casos de animales entregado al veterinario para que les practicase la eutanasia, hizo éste un último intento de salvarles la vida, con el consentimiento del dueño, por supuesto, mediante la renovación total de la sangre por el procedimiento del “sangrado al blanco”, que consiste en la extracción de la sangre enferma, sustituyéndola por AGUA DE MAR inyectada directamente en la vena. 

El Departamento de Agricultura de la Universidad de La Laguna (Canarias) se interesó en este tema y experimentó con más de una decena de perros este procedimiento, que está adecuadamente protocolizado. Se salvaron casi todos (téngase en cuenta que estaban en las últimas, destinados al sacrificio). Se hicieron reiteradas pruebas de contraste con plasma convencional. Había que pasarse de nuevo al AGUA DE MAR porque los animales empeoraban a ojos vistas. 

Esta es la prueba máxima que practicó el mismo René Quintón (el descubridor de las cualidades terapéuticas del AGUA DE MAR), y que luego se ha repetido decenas de veces.

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