Cómo abastecerse

Para autoabastecerse de AM lo más importante es usar el sentido común; Para empezar hay que tener en cuenta el lugar dónde queremos recogerla, intentar alejarnos de puntos de contaminación tales como salidas residuales, zonas industriales, puertos, etc., también procuraremos no ir días posteriores a lluvias o en los que el mar esté revuelto. Lo más aconsejable es ir días tranquilos a primeras horas de la mañana, cuando el mar suele estar más sosegado. Si se dispone de algún espigón o pasarela, adentrarse al mar tanto como se pueda y no coger el agua ni en la superficie ni en el fondo.

¿Cómo podemos saber si el agua que tomamos del mar está contaminada o no?

Es cierto que el mar sufre numerosos episodios de contaminación. Pero estamos muy lejos de poder afirmar que es peligroso tomar directamente agua del mar porque éste está mayormente contaminado. Eso no es así.

No vamos a negar la contaminación no ya del mar, sino de todas las aguas, de los suelos, de la atmósfera, porque ahí está. Pero lo que tampoco haremos, es estar echándole nosotros mismos, cada uno de nosotros mediante los motores de combustión, venga veneno al aire que respiramos; y mientras hacemos esto, dedicarnos a llorar la contaminación del mar (que nos cae más lejos y son otros quienes lo contaminan), o la del espacio extraterrestre, que haberla, hayla, y que nos cae aún más lejos.

Contaminación, hay la que hay, y hemos de aprender a manejarnos con ella, como nos manejamos (¡tan ricamente!) con los pesticidas, insecticidas y fertilizantes, que antes de contaminar las tierras, las aguas y finalmente el mar, han contaminado la comida que nos llevamos a la boca. Pero de momento, las cosas son así: o vivimos con esos recursos malditos, o no vivimos.

¿Y en el mar? Pues resulta que el mar es la inmensidad de la tierra, y por ahora su estómago, sus pulmones, su hígado, sus riñones y muy probablemente, su cerebro. Aparte de la insondable inteligencia del agua (añádele el más completo cóctel de sales, y será el no va más de la sapiencia); aparte de eso, el mar tiene una altísima salinidad comparativa (36 por mil). Asociemos sal a incorruptibilidad; asociemos sal a conductividad; asociemos sal a metabolismo y podremos hacernos una idea del inmenso trabajo que hace el mar en el planeta, en la biosfera, gracias a su alta salinidad. No hay en todo el planeta, nada capaz de plantarle batalla a la salinidad del mar y vencerla. Ni lo hay, ni lo habrá. Bástenos observar que el mar no ha hecho más que incrementar su salinidad. Por algo será. Nosotros, con la inmensa mayoría de los vivientes, nos hemos quedado con la salinidad arcaica de 9 por mil, la del mar primigenio en que se originó la vida. El mar actual la cuadruplica y por tanto nos cuadruplica en algo tan sumamente vital como la sal.

Pero es que el mar tiene además otra característica extraordinaria, increíble, que le defiende de cualquier agresión: el mar tiene un movimiento interno tan perfecto, es una batidora tan sumamente eficiente, que la dispersión de las sales que contiene es homogénea en todos los mares del mundo. Por su contenido en sales y elementos, cada gota de agua del mar es igual a otra gota, proceda del mar que proceda. Varía la densidad, básicamente a causa de la temperatura, pero no la composición. El mar es uno. Por eso los vertidos al mar, sean los que sean, tienden a dispersarse y por tanto a convertirse en nada en su inmensidad.

Pero aún hay un tercer factor en el mar, que lucha con una eficacia avasalladora contra cualquier intento de corrupción de sus aguas: es la altísima densidad microbiana. El agua del mar bulle de vida microscópica, ávida de alimento. Los microorganismos que la pueblan, acaban con todo: nunca falta un especialista en la ingestión y consiguiente vitalización de cualquier cosa que le echen. Los microorganismos del mar luchan denodadamente por compatibilizar con la vida todo lo que está a su alcance.

Y por si faltaba algo, está el pH. No es por nada, pero resulta que nuestras enfermedades prefieren, y por tanto retroalimentan un medio ácido. Y mira por dónde, el agua de mar está en el polo opuesto: es alcalina. Frente a un pH en torno al 5 de las zonas enfermas de nuestro medio interno, el agua de mar nos ofrece un pH en torno al 8.5: mal han de vivir por tanto nuestros patógenos en contacto con esa agua.

Además, cuando colocan en la playa bandera verde significa entre otras cosas que habiendo realizado el preceptivo análisis bacteriológico, han comprobado que no hay en el agua gérmenes patógenos. Por consiguiente, si sufre uno un revolcón por una ola y se pega una buena bocanada de agua, se le podrá romper un brazo, según sea el revolcón, o podrá sufrir una diarrea si la bocanada es cuantiosa; pero no pillará una infección, porque no hay con qué. Es fácil concluir de ahí que si las autoridades sanitarias garantizan que te puedes pegar un trago sin riesgo, también puedes cargar ahí mismo una botella o una garrafa de agua y llevártela para casa, sin riesgo alguno de contaminación por beber esa agua.

Creo que todos éstos son motivos suficientes para que nos acerquemos al mar con confianza. A pesar de la acción humana contra él. Conozcámosla simplemente, y defendámonos de ella. No es tan difícil. Usando un mínimo de prudencia, el mar está a nuestro alcance.

También existen dispensarios marinos donde proveen de agua de mar gratuitamente, especialmente en Sudamérica. Además, el número de empresas que se dedican a su extracción, filtrado y comercialización es cada vez mayor, consiguiendo así que el AM sea un recurso accesible a todo el mundo. Por nuestra parte también hemos querido mantener para nuestros colaboradores la posibilidad de hacer uso de nuestras instalaciones para autoabastecerse de agua.

Listado de empresas


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