Conectados al Mar

Si acabas de tropezarte con el agua de mar, sepas que has dado con el recurso más valioso a tu alcance para conectarte con la naturaleza. Con el conector más potente y polivalente. El SOL y el MAR son nuestras dos máximas fuentes de energía. Del sol obtenemos la energía externa, y del mar la energía interna.

El mar es la matriz de la tierra y de todos los seres vivos. Es el que les provee de agua y en cantidad menor también de minerales. Si las olas al romper no lanzasen al aire esas nubes de gotas microscópicas de agua de mar completa, con todos sus minerales, la tierra estaría muerta. Mira lo que nos ocurre por la escasez de un solo mineral, el yodo, lejos del mar: la tiroides funciona defectuosamente y se produce el bocio. Apenas se da esta enfermedad junto al mar, y en cambio abunda tanto más cuanto más nos alejamos del mar. Eso es lo que sabemos; ¡pero hay tanto y tanto que no sabemos!

Las plantas han encontrado la manera de proveerse de minerales hundiendo sus raíces en la tierra. Nosotros nos alimentamos de las plantas, pero no nos bastan los minerales que contienen: necesitamos más. Por eso el paladar nos pide sal (de la buena, de la que nos da el mar: de lo contrario, la salud se resiente) en su justa medida, porque en cuanto nos pasamos, rechaza la comida.

La naturaleza es así de sabia. Lo que ocurre es que a menudo nos pasamos de listos y la engañamos: pero en el pecado llevamos la penitencia.

Todo esto nos dice que la provisión completa de minerales, es para nosotros algo vital y de primerísima necesidad. Y puesto que sabemos que el mar lleva millones y millones de años preparándonos esos minerales en sus aguas, hemos de recurrir a ellas como la mejor fuente para proveernos. Basta con decir que si a nuestra sangre le quitamos los glóbulos y las plaquetas, lo que nos queda es el plasma: que curiosamente tiene una composición mineral muy parecida al agua de mar. Tanto, que ningún laboratorio ha conseguido jamás fabricar un plasma tan perfecto como el agua de mar rebajada a la salinidad de nuestro cuerpo.

¿Y por qué son tan importantes los minerales? Pues porque son los que hacen que el agua sea conductora de electricidad. ¿De qué nos sirve cargar con un odre de agua que representa el 70% de nuestra masa corporal, si por esa agua no circula energía? ¡Si por algo cargamos con tanta agua, es porque la necesitamos para que circulen por ella los electrolitos y las demás sustancias que le dan vida a nuestro organismo. Pero sin los minerales, lo demás no vale nada.

Por eso, a la hora de pensar en energía, a la hora de recargarnos, hemos de pensar en el mar. ¿Qué hizo la humanidad cuando se dio cuenta de que tenía que vivir más conectada a la naturaleza? ¿Adónde se dirigió? ¿Hacia dónde encaminaron sus pasos la inmensa mayoría de la gente para recuperar energía, fuerzas, ganas de vivir?

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Fueron justamente al lugar en que se puede disfrutar de lo más potente de la naturaleza: el sol y el mar. A la playa que se fueron. Y aunque nos ha costado, hemos aprendido a no abusar del sol, totalmente imprescindible para nuestra salud y nuestra vida; como hemos aprendido a no abusar de la sal integral (agua de mar en polvo; o mejor todavía, agua de mar), tan imprescindible como el sol. ¿Existe acaso conexión más potente con la naturaleza?

 

Mariano Arnal


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